martes, 22 de diciembre de 2015

LA CRISIS HUMANITARIA SIRIA.



En estos últimos meses hemos visto imágenes deplorables como un niño refugiado sirio muerto en la arena de una playa turca una periodista húngara arrollando con una zancadilla a un padre con su hijo, o cómo Dinamarca cerraba los trenes para que no llegaran a su tierra los refugiados. Esta situación demuestra una falta de memoria histórica de todos los pueblos europeos, incluso el danés, que fue ocupado por los nazis (de abril de 1940 a mayo de 1945) y expulsó a miles de refugiados, también pone de relieve el lado más oscuro del ser humano, la falta de humanidad.

Hace un par de meses, Angela Merkel le respondía a una niña palestina que en Alemania no podían acoger a todos los refugiados, ahora parece que han entrado en la carrera de haber quién es más “humano” y quién acepta más refugiados. De momento, todo apunta que Alemania recibirá 31.443, Francia 24.031 y España 14.931.

Pero mientras ahora todos quieren mostrar su solidaridad, cabe destacar que en este mes de junio, los Jefes de Estado de la Unión Europea aprobaron sus grandes medidas estrella para abordar la situación de los inmigrantes que llegaban por mar desde Libia. Uno, romper los barcos en los que venían los inmigrantes para que no se puedan volver a utilizar; y dos, reforzar las fronteras marítimas con Libia para evitar que salgan. Claro está, si no salen, no navegan, no se pueden hundir y no se ven como mueren.

La situación, por eso, es tan desesperante que siguen llegando, que no se puede controlar, que vienen en condiciones límites y vienen, principalmente, de Siria, un país en el que antes del 2011, pese a haber una dictadura, la gente no marchaba, al menos en masa, como ahora. Podemos comparar esta situación con la Segunda Guerra Mundial: en lo que va de año, 350.000 personas han cruzado el Mediterráneo, de ellas 107.000 solo en julio. El conflicto, no solo en Siria sino también en Libia, ha propiciado esta salida masiva de refugiados. Desde que una coalición internacional intervino en Libia para acabar con el dictador Muamar Gadafi, que gobernó durante cuarenta años con mano de hierro, el país es considerado un estado fallido. La falta de control de sus fronteras ha comportado que se convierta en el enclave esencial por donde huyen los refugiados.

Y Siria, un conflicto que por segundos se va complicando más con la presencia del Estado Islámico y de combatientes extranjeros, necesita una respuesta. A principios del conflicto, el gran enemigo a abatir era el presidente del país, Bachar al Asad. Según casi todos los medios internacionales occidentales, un dictador que masacraba a su población.

Pero en el mundo árabe sigue habiendo una pelea entre chíitas y sunitas, dos corrientes dentro del Islam. Al Asad, igual que Irán, son chiitas. Sion embargo la mayoría de los musulmanes, alrededor del 90% son sunitas, como los grupos yihadistas de Al-Qaeda o Estado Islámico.

Por eso, ahora los enemigos de antes, Irán y Siria, son los nuevos amigos, porque son los aliados imprescindibles para terminar con estos grupos yihadistas. Así es como los enemigos se convierten en amigos, cuando ambos tienen un enemigo común que supone una amenaza más fuerte: en este caso los grupos yihadistas armados, especialmente, el Estado Islámico que se expande sin prisa, pero sin pausa por Siria e Irak.

¿Cómo ayudar a los sirios? Nuestros políticos deben dejar de lado su campaña electoral permanente para que hagan medidas humanas, pensando en estas personas, no en los votos que van a cosechar si ayudan a un refugiado. A veces, las acciones que más ayudan son las que no se ven o que necesariamente no salen en la gran pantalla, pero los que nos gobiernan parece que no lo saben. 

Enrique Akram Sicilia Amrani, 2ºbach-A

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